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domingo, 1 de abril de 2012

La Espera




Un sonido.

Se lo que es, la llamada de tu cuerpo, mis entrañas calentándose, por el ansia de aquello que va a ocurrir.

Miro el teléfono, tu mensaje, la cita que se que buscas, la hora y el lugar.

Aun faltan días, eternos, horas de preparación, mi ropa interior, deseo que me desees y mi deseo te desea.

Me ducho, preparo mi piel, mi cuerpo, mi mente y mi alma para la próxima entrega, desnuda me miro, me siento deseada y pienso en ti, en tu cuerpo, en tu piel.

Recuerdo el sentir de tu cara apenas afeitada, tu barba sobre mi piel, el placentero roce de tu mandíbula sobre mis pechos mientras lames mis pezones, tus dedos entre mis piernas, abriéndome en mil sensaciones, mojando mi coño antes de tu lengua Maestra me haga sentir aquello que deseo...¡tu polla!

Te arrodillas, introduces mi cara entre tus piernas y tu miembro erecto en mi garganta, sin tregua, sin aviso, justo como me gusta, justo como me haces sentir mas puta, mas zorra, justo como te gusta a ti.

Me manejas, me giras, me pones con mi culo abierto, mi sexo expuesto, no me niego, soy tu zorra, me follas, me penetras, siento tu calor dentro de mi coño...tu recuerdo mientras me doy placer, mientras espero el próximo encuentro.

Cuando tu sabor vuelve a mi boca, el recuerdo de tu calor sobre mis labios, mi lengua y mi garganta, mi placer estalla, por que solo soy tu alumna, alumna aventajada que espera la próxima lección.

jueves, 1 de marzo de 2012

Mi relacion con Carlos y Alberto


 
Ayer le vi. Aunque no nos saludamos, nos reconocimos a la primera. Seguía igual, los años no le habían cambiado, mantenía ese aspecto intemporal del que puede tener veinte o cuarenta años, alto, imponente e impecable. Mientras comía me vinieron a la cabeza los recuerdos de aquellas fechas.

Por aquel entonces a mis diecisiete primaveras, me dedicaba a perseguir a Alberto, un niño monisimo con ricitos rubios y un parecido físico increíble al cantante de mis sueños “Eros Ramazzoti” de hecho así le apode. A Carlos le conocí en un bar “underground” persiguiendo a mi Eros que siempre tenia colgada del brazo a alguna niña mona. Carlos sin embargo era mas tosco, mas duro en su gesto, a veces hasta daba miedo con sus vestimentas negras y sus amigos dignos de un funeral siniestro. Quería estar con Alberto, pero Carlos me parecía un reto y así conseguí que se fijara en mi, nos liamos y en el primer escarceo de portal recuerdo sus besos, intensos, largos y apasionados, recuerdo como metía su mano entre mi pelo, como descendía su lengua entre mi cuello y mi oreja, su mano en mi culo apretándome fuerte hacia él, me hacia sentir su miembro erecto en mi vientre y eso me ponía tan salida que subía a casa a masturbarme con el recuerdo.

Carlos siempre estaba rodeado de alguna chica, especialmente recuerdo una canadiense con aspecto de “rock Star” que me puso especialmente celosa, pelirroja y con pecas, con una cara de zorra que me hacia odiarla, ese día Carlos desapareció con ella y pasaron por mi cabeza todas las posibles fantasías que me hicieron sentir entre odio y morbo. Al día siguiente decidí armarme de valor y tantearle, muy zorra le pregunte por el día anterior a lo cual no contesto y me trato con desdén, mi insistencia solo le saco una pregunta - ¿ de verdad lo quieres saber? – contesto con voz firme y segura , conteste afirmativamente y mas chula todavía, pago la consumición y me invito a acompañarle.



Paseamos unos diez minutos hasta una zona de casas bajas, mientras en cada portal nos dábamos un lote de ensueño, nadie me había besado así antes. Llegamos a una casa antigua, saco unas llaves y abrió. Pasamos al interior de una casa de abuelos, con esa decoración típica de santos, camillas y sillones de oreja, mientras me decía que allí había estado el día anterior, le mire, le bese de nuevo y me empezó a quitar la camisa y la falda con prisa, sin cuidado, yo hacia lo propio con su camisa y sus pantalones, pronto estuvimos desnudos, Carlos estaba delgado pero perfectamente definido en cada músculo y enarbolaba un magnifico miembro en erección, mientras me besaba de nuevo sentía el calor de su polla en mi vientre, me ponía húmeda y sentí su mano bajando mi espalda con su dedo anular entre mis nalgas descendiendo hasta mi coño e introduciéndose en él, estaba completamente puta, me giro y me puso a cuatro patas sobre el sillón mientras miraba por el hueco de mis piernas le veía pajeandose y sentía los dedos de su otra mano humedecidos en su boca, pasar por mi sexo expuesto. A continuación senti el calor de su capullo en mi coño lo introdujo suave y eficazmente, senti como cada centímetro de él invadia mi interior, cuando llego al final me pregunto - ¿querias saber lo que hice ayer?, ahora ya lo sabes! – empezó a follarme lentamente pero el ritmo fue subiendo, poco a poco, hasta sentir los golpes de sus huevos en mi coño, su vientre en mi culo, me agarro del pelo mientras gritaba, me estaba follando duro y no podía ni hablar, apenas gritar algún sonido, era puro placer, sentía como me bombeaba placer, intente masturbarme a ritmo pero me quito las manos y me agarro de ellas, estaba indefensa, placenteramente poseída, y me corrí, estalle de placer, mientras aquel animal seguía follandome, me dolía, perdí la cuenta del tiempo que estuve así, era una maldita maquina que no se cansaba y yo empezaba a gozar de nuevo, me subía el placer de las entrañas a ritmo de verga y la piel de Carlos brillaba en sudor, la piel sintética de aquel sofá me hacia sudar aun mas y pronto estalle de nuevo, sintiéndome confundida, zorra y despistada a la vez, mientras él me cogía de las caderas y me levantaba en los últimos estertores antes de correrse, gritaba como una bestia mientras mis piernas y mi culo estaban en el aire.

Aquello se repitio un par de días mas, pero las cosas del destino, encontré a Alberto a mi merced, sin compañía y con mi cuerpo dolorido de follar con aquel animal. Vi mi oportunidad y nos liamos esa misma noche, me acompaño al portal y me beso, como un colegial, todo ternura y llamadas de cariño al día siguiente y al siguiente y al siguiente, paseos, cine y helados y besos colegiales en el portal. Debí de echar de menos algo cuando tres semanas después aproveche la ausencia paterna para invitar a Alberto a subir a casa y organizar una encerrona, todo fue suave y delicado, las caricias, era tímido, muy tímido, tardo en desnudarse y en desnudarme, nos metimos en la cama, era tan blanquito y tan blandito, se puso encima de mi en un clásico misionero y eyaculo demasiado rápido, pero nos quedamos dormidos abrazados. No se volvió a repetir de hecho le deje un par de semanas después.

 
Por algún extraño motivo volví a buscar a Carlos que estaba con una Barbie rubia preciosa a la cual dejo en el momento y me vino a saludar, no le di pie a nada y me arrepentí, algo dentro de mi me decía que merecía mas, aunque no se muy bien que.

Mientras recordaba todo esto y comía, me puse cachonda, le mire, no me estaba mirando, por suerte, quizás si lo hiciera, ahora no estaría acordándome de él.

Que curiosa es la vida!





miércoles, 1 de febrero de 2012

Mi profe...

Entrada publicada en Sobre lo Humano y lo divino el martes 29 de noviembre de 2011.

Un simple olor, puede traer a mi cabeza recuerdos desde tiempos remotos, perdidos en el tiempo y en mi subconsciente.

En cierta ocasión, estaba en un local de moda, tomando algo con amigas cuando sentí una mano en mis ojos, tapándolos mientras un susurro me decía algo al oído que no reconocí, antes de eso un olor, una mezcla de aliento en mi nuca, la misma colonia y un aroma inconfundible me había desarmado.
Juan, no lo dude ni un momento, mi cabeza había viajado en el tiempo y aterrizo en mi época universitaria.

- Juan, ¿cómo te trata la vida, guapo?
Tras un año de desastre, desmadre y despiporre, presentar los resultados académicos penosos en casa fue un ejercicio de heroísmo y fe, fe en que mi padre siguiera financiando mi aventura universitaria. Y aquello no dependía mas que de los resultados de Septiembre, a cambio de aprobar, me permitían quedarme en Salamanca estudiando.

Como sola era evidente que no lo conseguiría, convencí a Juan, típico empollon, pedante, pelmazo y sabidillo, iba a mi misma clase, corte de pelo correcto, indumentaria correcta, en fin todo muy correcto en él, que accedió a darme clases particulares por una módica cantidad, al fin y al cabo tenia las mejores notas...¡ pero buenas de verdad!

Así cada mañana, como un reloj, Juan se presentaba en mi piso de estudiante, con los libros y la lección aprendida. Juan era un tipo atlético, no muy guapo, pero tampoco feo, pero con una evidente escasez de morbo. Allí estaba él, todas las mañanas, con su polo, sus náuticos y sus bermudas, repeinado y con gafas de pasta, serio y empollón. Y allí estaba yo, recién levantada con pijama y legañas, con sueño de ayer e intentando entender el Derecho Penal.
- Me aburrooooo! Le dije un día.
- ¿cómo? Resolvió él educadamente, era de un correcto que daba asco.
- Que me aburres...¿no podemos hacer otra cosa?

Se levanto, me miro con cara seria y responsable, mostrando sorpresa y contesto:
- Eres tú la que quiere aprobar ¿es así?
- Podemos salir un ratito a la terraza y tomar algo y luego seguimos...¡por faa! Le dije poniendo morritos de adolescente.

Me contesto que no y seguimos estudiando, ¡que coñazo de tío!
Al día siguiente le recibí con una camiseta y un pantalón corto, una camiseta con una abertura que dejaba mi hombro al aire y el resto a la imaginación. Cuando abrí la puerta, su gesto seguía inmutable, pero sus ojos decían lo contrario. Y eso me gusto. Sentía que podía cambiar la situación. En la camilla del salón mientras estudiábamos, me inclinaba sabiendo que el profundo escote le permitía ver mis tetas, él seguía impasible con cada articulo, mientras sus ojos detrás de aquellas gafas, escapaban furtivamente desde las letras hasta mi escote.

Y repetí los siguientes días, vestidos, minifaldas, posturas y Juan seguía de hielo, reconozco que cuanto mas me rechazaba, mas ganas tenia, me suponía un reto, había probado a poner morritos, caritas, morder el boli y echarme encima de él...nada, ni caso. Lo que me animaba a seguir era el bulto que su pantalón mostraba en la entrepierna cada vez que Juan abandonaba mi casa. Era claro que tampoco le disgustaba.

Aquel día decidí ir mas allá, me senté a su lado y procure poco a poco el roce, mi camiseta dejaba poco a la imaginación y mi cara se acercaba escandalosamente a la suya, olía bien, a niño bueno, apoye mi mano sobre su pierna, mire a sus ojos y observe el desconcierto, bajo la cabeza, se quito las gafas en un gesto pausado, volvió a mirarme fijamente, ahora ya no parecía un niño bueno, cogió mi mano con una fuerza incontestable y la coloco en su entrepierna: “ ¿esto?” frotando su miembro duro contra mi mano, “ ¿es esto lo que quieres?”, mientras frotaba mi mano sobre su bragueta y yo me ponía perra notando como su miembro se mostraba cada vez mas duro. Así paso un tiempo hasta que debió de correrse, entonces sin mediar palabra, se levanto de la mesa y se fue.

Lo cierto es que no supe reaccionar, me quede entre perpleja y orgullosa, culpable y excitada, me pase el resto de la mañana masturbándome con el tacto de su polla en mi mano y con el remordimiento y la duda de si volvería al día siguiente.

A la mañana siguiente sonó el timbre a la hora acordada como todos los días, abrí la puerta y estaba allí, cambiado, sin polo, sin bermudas y sin gafas, cerro la puerta tras de si y me miro fijamente como un felino mira a un ratón antes de comérselo, así retrocedí hasta el sofá, me invadía un calor por todo el cuerpo que era ajeno a la temperatura estival de la época, me senté y se abalanzo encima de mi, arrodillándose entre mis piernas y quitándome la camiseta, “¡vamos a seguir jugando!” espetó, allí estaba yo poniéndome muy cachonda mientras Juan me deshacía las tetas a lengüetazos, de vez en cuando paraba y me miraba a la cara, mordisqueaba mis pezones mientras me decía que esas eran las clases que yo quería, me decía lo perra que era y yo me ponía cada vez mas cachonda.

Recorrió todo mi cuerpo con su lengua, mi cuello, mi vientre, mi ombligo, mis pezones, “¿quieres que te siga repasando?” pregunto con voz autoritaria, eso me ponía mas puta todavía, asentí con la cabeza y cogió de una sola vez mis pantaloncitos y mis braguitas y las saco con maestría, dejándome completamente desnuda, entonces me cogió y me llevo hasta sentarme en la mesa donde estudiábamos, yo desnuda y el aun vestido, yo esperaba su lengua en mi sexo, me recline hacia atrás, pero no llegaba, levante la cabeza y le vi allí, de pie, impasible frotándose su entrepierna mientras miraba mi cuerpo desnudo, acerque mi mano a su miembro pero se aparto y no me dejo tocarlo “¡no es para ti, dijo!” eso me puso mas caliente aun y comencé a masturbarme, mientras él me miraba, eso le debió de poner muy cachando por que se saco su polla y se masturbo hasta correrse encima de mi vientre, hubiera preferido que se corriera en mi cara, en mis tetas o en mi boca, pero entonces me quito la mano con la que me tocaba y me dijo...”¡ahora, abre el libro de Penal!” , no me permitió vestirme, allí estaba yo completamente desnuda y estudiando derecho con Juan, mas caliente que una plancha y deseando que follara aquel empollon, mientras aceptaba sumisa todas sus ordenes.

Pasado el tiempo y la lección, Juan se levanto, señalo el tablero de la mesa con su mano, dando unas palmaditas sobre él insinuando con su mirada que me sentara allí de nuevo, entonces llena de ansia y morbo lo hice sin dudar, mostrando mis piernas abiertas y colgando sobre la mesa, Juan abrió su bragueta y dijo “¡como has sido una buena alumna, tendrás tu premio!”, entonces apareció ante mi su polla, maravillosamente y yo estaba deseando llevármela a mi boca, y así lo hice, esta vez si me lo permitió, la saboreé y recorrí como si fuera una niña golosa con su piruleta, Juan cogió mi pelo y me llevo al ritmo que mas le complacía, me sentía completamente en su poder y completamente zorra, hasta que de nuevo cogida del pelo me aparto y me hizo colocar como una perrita sobre la mesa con mi culo hacia su cara, “¡ te voy a comer el coño como nunca te lo han hecho!” su lengua tomo posesión, recorrió mi culo, mi coño, me sentía fluir, estaba disfrutando, gozando, me lamió, me follo, me sorbió hasta que quiso y se sacio sin dejarme que me corriera, solo cuando él quiso, me cogió por mis caderas y me apoyo en el tablero, dejando mis piernas fuera de la mesa, entonces sentí sus manos en mis tobillos, separándolos, sentí algo caliente en mi entrepierna, un golpe seco, un placer que me llenaba por dentro y un alarido que exclame “¡ aaaaaaaaaaaaaah!” entonces me había penetrado ¡ por fin, lo deseaba! Y continuo así, a ritmo, como una maldita maquina como un bendito placer, solo repetía un movimiento, perfecto, acompasado y me iba inflando de orgasmo, de placer, me corrí, explote, pero 

Juan seguía como un taladro, empujándome sin dejar que saliera, le oía jadear, me había corrido y me volvía a subir el calor y aquel ritmo seguía frenético martilleando el cuerpo de Juan contra mis nalgas y volvió a ocurrir, volví a gritar y sentir otro orgasmo, entonces mientras me retorcía de placer, Juan salió de mi y se corrió sobre mi culo, jadeaba hasta la extenuación y me gire para verle, desde luego no olía a niño bueno, puse cara de golfa, me sentía muy golfa, pase mi dedo por mi culo, recogiendo su liquido y me lo lleve a la boca, mientras miraba su cara.

Ni que decir tiene que los repasos de aquel verano me hicieron aprobar, entre sexo, apuntes y libros, situación que hoy aun me pone muy, pero que muy cachonda, y muy golfa, por supuesto.

lunes, 2 de enero de 2012

Mi Primera vez, sexo anal



Mi imaginación había abordado fantasías que se quedaban en tan solo eso, nunca me había planteado hacer cosas fuera de lo común, me gustaba sentirme hembra y manejaba situaciones y hombres extraordinariamente, gracias a la generosidad que la naturaleza tuvo conmigo y a un no menos carácter abierto y poco convencional.

Pero él era un hombre rudo, apuesto, con esa mirada que mata enmarcada en unos preciosos ojos castaños, fachada que solo ocultaba ternura, y poseedor de una sonrisa lasciva en una boca grande con unos labios carnosos, étnicos e incitantes. Mirar su espalda ancha, sus músculos tensos recubiertos de vello, transmitía una sensación animal que me desarmaba en deseo y lujuria. Deseaba perderme en aquellos brazos fuertes.

No dude en aceptar su llamada uno de esos días tristes y grises, quería llegar a su casa, me apresuraba por las calles de la ciudad, entre charcos, hojas y gente que me pareció aburrida e insignificante. Me recorría ese sentimiento que te hace creer la elegida del Olimpo, elegida para disfrutar el placer de poseer el cuerpo de ese hombre, con el cual fantaseaba desde hacia días.

Tras la puerta de su casa se sentía el calor, calor que venia de mi, de dentro de mi cuerpo, calor sucio con olor a sexo y saliva, me beso en una explosión larga y continua de crudeza y delicioso placer, cada poro de mi piel se abría y respiraba al mundo. Deje mi atuendo en tan solo el “little black dress” elegido para la ocasión y unos altísimos tacones aun mojados por la lluvia de afuera.

Me lanzo contra el sofá, estaba cachonda, me empezó a besar el cuello mientras mi vestido caía, sentía sus manos por mi cuerpo como una legión de caricias mientras mi ropa desaparecía, era tierno y a la vez me excitaba, de pronto me sentí desnuda mientras él paraba para deshacerse del pantalón y dejar ver sus piernas fuertes y bien torneadas y una maravillosa promesa bajo sus slips. Alce mis manos para quitarlos pero me las cogió con firmeza y con un gesto de su cabeza dijo ¡no!, mientras me giraba y dejaba mi trasero a su merced, de pronto note algo caliente, grande y grueso frotando suavemente entre mis nalgas, me estaba poniendo cerda, notaba como me estaba empezando a mojar y mi sexo estallo al sentir sus dedos en mi interior, era realmente bueno tocándome, me deje abandonar a su capricho y me limite a gozar, me estremecía al sentir sus dedos al fondo de mis entrañas, temblaba mientras deseaba su polla, dura y gruesa que aun sentía merodeando mi culito.

Inmediatamente cogió mis muñecas con una sola mano, mientras seguía manoseándome hábilmente con la otra, rápidamente comenzó a besar también mis nalgas, mientras me sentía sumisa y entregada, - ¿te lo dejas comer todo?- me pregunto, respondí afirmativa y enfáticamente, desde mi cabeza apoyada en el respaldo del sofá, comenzó a lamerme, acariciarme, su lengua pasaba por mi profunda raja y se introducía en mi párvulo y rosado orificio anal, nunca antes me habían comido el culo de esa manera, me alucinaba lo que me hacia sentir, empecé a mover mi culo como si lo hubiera hecho toda la vida, me sentía muy puta y muy llena de vida, - ¿te gusta, putita?- me dijo,  - siiiiiii, me encanta – respondí, entonces me soltó y sentí los dedos de sus manos en ambas nalgas como garfios separándolas y dejando a su antojo expuesto mi trasero, me daba placer en cada embestida de su lengua, cada pasada de su nariz, cada vez que sentía su barbilla escasamente afeitada en mi sensible piel.


Entonces paro, se incorporo y dio media vuelta sin dejarme mover, colocando aquella majestuosa verja ante mis ojos, mientras me la mostraba con una mano y apoyaba la otra en jarra, yo sentía sus fluidos aun en mi culo lubricado pero virgen, no dude en llevarme a la boca aquello que tanto se me había hecho desear, lamí aquel regalo desde el glande hasta los testículos recreándome en cada, vena, rincón y pliegue, hasta metermela en la boca y sentir como adquiría su máximo tamaño, así volvió a ponerse a mis espaldas y sentí la punta de su pené apoyada en mi agujerito, la froto y me abrió ligeramente, pero cuando de un solo golpe certero la dejo caer y me la introdujo en mi coño, un espasmo recorrió mi columna estremeciéndome y arqueándome como un arpa, así le chupe cada uno de los dedos de la mano que me introdujo en la boca, para luego acariciar con ellos mi ano de nuevo, poco a poco mientras mantenía su polla en mi interior y me moría de deseo por que me follara duro, iba sintiendo como sus dedos se introducían en mi culo que se oponía a tal hecho de forma independiente a mis deseos, - ¿primera vez, Marta?- me pregunto, asentía con la cabeza mientras le pedía que me follara, confundida entre placer de mi coño y el dolor de mi culo.

Comenzó a moverse en un ritmo extremadamente placentero cuando paro, sentí dentro de mi culo uno de sus dedos, - sssshh, silencio, te va a gustar – vació mis entrañas de su ávido sexo y de pronto lo sentí apoyado de nuevo en mi culo, de pronto empujo y sentí un dolor terrible, grite y blasfeme a aquel maldito cabrón, me acaricio y pidió que me relajara, con ternura, pero sentía que mi cuerpo quería expulsar aquel invasor, poco a poco fue apretando mas, sentía ganas de ir al servicio y como mis intestinos se revolvían, pero las ganas de que aquel semental me poseyera podían conmigo, mordí el sofá y me entregue, volví a sentir mas dolor, entonces me dijo que ya había pasado la mitad, que era lo peor, le grite que era un maldito hijo de puta,  se reía y acabo de meterme toda su polla, sentí ganas de vomitar, de pronto sentí su mano de nuevo en mi coño, acariciándome y masturbándome mientras llenaba mi culo con su sexo, el dolor iba desapareciendo mientras un placer que nunca había sentido inundaba mi cuerpo.

Era una maravillosa locura, me poseía y yo estaba entregada, era suya, de pronto sentí como sacaba su polla de mi culo, lentamente y casi al final volvía a empujar, poco a poco el ritmo iba aumentando mientras me corría gracias a sus dedos hábiles, sentía como sus enormes testículos golpeaban mis nalgas, ahora ya me acariciaba mis pechos, mejor dicho los estrujaba mientras me sodomizaba envuelto en sudor, ya me había corrido y aun me sentía emputecida deseando mas placer, fue así como me dijo que me lo iba a dar todo, follandome el culo a un ritmo frenético mientras me cogía, ahora por las caderas y yo gritaba como una perra pidiendo mas, juro que tuve un orgasmo de nuevo y que sentí como el calor de su orgasmo recorría mis adentros.

Desde ese día, me complace encontrar buenos amantes que me descubran y me hagan sentir plenamente que estoy viva.